¿Y la lectura, dónde quedó?

Hay tantos temas sobre los cuales podemos hablar. Sin lugar a duda estar vinculado con el ámbito educativo es un privilegio, además de una gran responsabilidad. ¿De qué les quiero comentar en esta ocasión?, quisiera retomar o seguir insistiendo en un tema que me ha ocupado los últimos años y es el fomento a la lectura. Si, a esa actividad que nos lleva a devorar libros, a sumergirnos en esa gran capacidad de poder formar parte de las historias que nos narran los autores de tragedias, dramas, leyendas, cuentos, fábulas, biografías, novelas, romances, poesía y mucho más. Me queda claro que vivimos una época en donde todo lo digital llama la atención, hasta la enorme posibilidad de tener toda una biblioteca en nuestra tableta o en nuestro teléfono celular (demasiado pequeño para mi), o todo el acervo cultural impreso a unos cuantos clicks de distancia. Pero para quienes hemos tenido la dicha de visitar una imprenta, de poder escuchar el sonido de las máquinas imprimiendo los pliegos de papel blanco y apilarlos suavemente, o recordar los olores de las tintas o de las hojas recién impresas o ver en el área de encuadernación cómo esos libros van tomando forma, pensar en las versiones impresas tiene cierto dejo de nostalgia.

En fecha reciente nos enteramos de las intenciones del gobierno mexicano por pensar en no participar en las evaluaciones de PISA, declaraciones han ido y venido, ciertas o no, resulta difícil en ocasiones poder entender el contexto real. Pareciera que lo sencillo es mucho más complicado, sin embargo, lo que no se puede medir no se puede mejorar, así de fácil. Pero si bien ese no es el tema principal de esta intervención, si lo son las consecuencias de lo que estamos observando por una pobre o deficiente capacidad lectora de las niñas, los niños y los jóvenes. Lo que nos han revelado estudios como PISA donde más de la mitad de los estudiantes de 15 años no pueden distinguir entre la opinión y los hechos. Y si eso no es suficientemente preocupante, o sólo un hecho o un descubrimiento a su capacidad de lectura, resulta que además se ha convertido en un hallazgo político. ¿Y a qué me refiero con esto? Si uno no puede entender bien lo que está leyendo o peor aún, discernir sobre el contenido o sentido de la lectura, podríamos inferir que la mayoría de los jóvenes son susceptibles de ser influenciados por lo que están leyendo en las redes, los memes o las noticias falsas (fake news). No solo se trata de poder entender lo que se lee, sino de la necesidad de poder consultar varias fuentes, analizar los textos y la información y poder llegar a conclusiones propias.

Dado que la capacidad de lectura también está muy vinculada a la casa y a la influencia de los padres, ya que el número de libros en casa y los modelos de lectura de los padres siguen siendo indicadores clave de los buenos lectores, el hallazgo resulta aún más impresionante para las clases con carencias educativas. La cantidad de libros que leen tradicionalmente han sido bajas, pero han disminuido aún más en los últimos años. ¿Qué pasó con todas las lecturas que nos tocó cuando éramos alumnos? ¿Qué debieran de leer hoy? ¿Cómo fomentar la lectura? Hasta no hace mucho me entusiasmé por un proyecto que llevaba a los libros al aula y convertía a cada salón de clases en una pequeña biblioteca. Hoy encerrados en sus casas ni a eso pueden acceder. Valoro el enorme esfuerzo que organismos internacionales como la Unesco o las grandes bibliotecas del Mundo o las universidades más prestigiosas están haciendo por ofrecer plataformas en donde cualquiera puede tener a los libros de manera gratuita.

Según datos que aporta Helke Schmol, una periodista alemana, es probable que el 21% de los estudiantes más débiles ni siquiera alcanzan el nivel mínimo de lectura se hayan vuelto aún más vulnerables, y con ellos su susceptibilidad a la manipulación. Esto encierra enormes retos para la democracia. Este hallazgo no es nada nuevo, dada la afición a Internet de muchos responsables de la política educativa. Pero también significa que las niñas y los niños de hogares socialmente desfavorecidos son aún más susceptibles a todo tipo de propaganda y creación de opinión en Internet. No los queremos manipular, queremos que entiendan lo que leen, se informen, investiguen…

Tenemos grandes retos frente a nosotros, pero no bajemos la guardia en la promoción, difusión y creación de los hábitos de lectura. No me importa si son libros impresos o digitales. Aunque volviendo a la nostalgia de los libros impresos se ha encontrado que los que no leen «en analógico» no disfrutan igual de la lectura y son menos capaces de hacerlo. Sí, sé que estoy provocando con lo último, pero mis maestros me enseñaron a amar y cuidar los libros… (impresos), ahora estoy teniendo que hacer lo mismo con la parte digital. De hecho, soy un lector híbrido, amante de la tecnología pero también del olor que desprenden los libros en la biblioteca esperando a ser tomados aunque sea por unos días y acompañarme en otras de esas travesías maravillosas. Aprovecho para invitarlos a contribuir en este blog en pro de la educación de nuestras alumnas y nuestros alumnos.

Mtro. Ludwig Johannsen M., director ejecutivo de la Alianza de Colegios Multiculturales de México, consejero de la Asociación Mundial de Colegios Alemanes en el Extranjero

direjecutivo@acomm.mx

2 comentarios

  1. Excelente artículo Lud, la reflexión que haces sobre la falta de lectura y de comprensión de los textos, nos hace vulnerables ante los dictadores, muchos presentes hoy en América Latina.

  2. Sabemos que la lectura favorece la práctica de la concentración, mientras que el uso de Internet favorece la distracción. Es importante encontrar un equilibrio entre ambas actividades. Tu artículo es un buen llamado de atención.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *