Abramos las escuelas, ¡nos corresponde!

Los atributos del perfil de nuestros estudiantes son centrales en su proceso formativo. A partir de ellos pretendemos que los futuros ciudadanos tengan capacidad transformadora para lograr un mundo mejor. Algunos de estos atributos consisten en ser: bien informados, indagadores, pensadores críticos y reflexivos. Las circunstancias actuales constituyen una oportunidad para que los colegios demuestren congruencia con dichos atributos y hagan gala de su capacidad transformadora, ellos mismos, sobre la situación que estamos viviendo. La educación debe ser presencial.

La pandemia ha puesto a prueba la capacidad de las diversas instituciones de colaborar para sortear la amenaza y en última instancia para construir un mejor sistema educativo. Desafortunadamente, ante esta adversidad, nueva y desconocida, las autoridades se han visto constantemente rebasadas y han dejado en evidencia que no siempre tienen como interés principal a la educación, prevaleciendo intereses de grupo no alineados con el bienestar de los educandos.

Por ejemplo, la autoridad ha sido incapaz de comunicar con claridad y oportunidad las formas de transmisión del virus, algo elemental para mitigar su contagio. A inicios de la pandemia se comunicó con insistencia que el virus se transmitía por objetos contaminados y por gotículas que caen por gravedad a un metro de quien las expele, relativamente pronto se observó que estas formas de transmisión no eran significativas; y en cambio, los aerosoles, inicialmente descartados, eran la principal causa de contagio. El mensaje nunca se transmitió con claridad.
Resulta que una de las principales formas para reducir contagios es simplemente abriendo las ventanas y monitoreando el nivel de CO2 en los salones, esta medida acompañada del uso del cubrebocas y distanciamiento son las de mayor efectividad.

Por algún motivo que escapa a mi entendimiento, la educación nunca se consideró  actividad esencial en México, y se dijo que se protegía a los niños dejándolos en casa. Pues ya hay muchas evidencias de que lo más conveniente es que los niños acudan al colegio, con protocolos de salud, y que los encierros prolongados son altamente dañinos, desde varias perspectivas: socioemocional, deserción escolar y, por supuesto, rezago educativo. Cabe señalar que también está demostrado que los colegios con protocolos no constituyen centros de contagio, a diferencia de reuniones sociales y eventos donde se han verificado la mayor parte de los brotes.

Los colegios tenemos la enorme responsabilidad de contribuir a la formación de los niños, para que éstos a su vez contribuyan a hacer de éste un mundo mejor. La situación actual nos compromete, más que nunca, a vivir nuestros principios y valores y a ser congruentes con los perfiles de los estudiantes; es decir, las instituciones deben ser indagadoras, bien informadas, críticas y reflexivas, pero todo esto es insuficiente si no se lleva a la acción.

Los colegios como gremio debemos defender el bienestar de los educandos y colaborar con la autoridad para corregir el rumbo: los colegios deben regresar a actividad presencial, deben ser lo último en cerrar y lo primero en abrir. La educación es, sin duda, actividad esencial.

Federico MacGregor A.

federico.macgregor@gmail.com

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