“La Danza, una Terapia Completa”

En la búsqueda de nuevas formas de mejorar la calidad de vida de las personas, se han investigado un sinnúmero de actividades que van desde la estimulación temprana en los bebés, actividades para el desarrollo de prerrequisitos en niños, hasta terapias especializadas para personas adultas mayores o con alguna discapacidad.
Hoy en día es cada vez más frecuente leer testimonios acerca de los cambios, a nivel psicomotriz y emocional, que se generan en personas que practican la danza.

“Cualquiera que sea capaz de moverse es capaz de danzar” (Sheykholya, 2017) esto es, cuando movemos cualquier parte del cuerpo de forma voluntaria ya estamos danzando y con ello, generando cambios físicos y químicos en nuestras estructuras cerebrales, que se ven reflejados de inmediato en el bienestar general de nuestro cuerpo y mente.
La experiencia personal a lo largo de 59 años, expuesta a distintas formas de danza, paralela a mis actividades pedagógicas me han dado la mejor prueba de que es una terapia completa y gratificante en muchos sentidos que va más allá de la expresión artística, que permite expresar a través del movimiento del cuerpo muchas más cosas, cuando con palabras no nos es posible hacerlo.

Se han observado diferencias importantes a nivel corporal, mental y emocional en personas de todas las edades y condiciones que practican danza y en las que no lo hacen.

Los danzaterapeutas también pueden constatar mejoría en actitudes y respuestas físicas de pacientes con enfermedades degenerativas, por lo que pretendemos llevar a cabo una investigación acerca de cuáles son los beneficios físicos y emocionales de la danza en las personas que la practican formalmente.
Fue a partir del 2018, a raíz del sismo de septiembre de un año antes, que causó graves estragos en la Ciudad de México, entre otras, que hubo la necesidad de buscar formas de apoyo y contención para personas que se encontraban muy afectadas por el terrible evento y que en el 2020 volvió a surgir a raíz de del confinamiento por la pandemia de Covid-19.

En el pasado la práctica de actividades artísticas como el teatro, la música y la danza eran consideradas actividades complementarias o de adorno personal a las que solamente se tenía contacto en ceremonias, fiestas y concursos locales o para quien por decisión personal se dedicaba a las artes profesionalmente.
Al paso del tiempo y con la introducción de las neurociencias se ha visto la importancia de estas actividades en la mejoría física y emocional de las personas en general y especialmente en aquellas que padecen alguna condición diferente de vida.

Todas nuestras neuronas intercambian información que les llega tanto de adentro, como de afuera de nuestro cuerpo a través de las dendritas y los axones, función que se conoce como sinapsis y que por medio de los botones terminales segregan diferentes sustancias químicas, conocidas como neurotransmisores y que los diferentes receptores detectan (Carlson, 1996).

Se conocen más de 100 neurotransmisores y se ha descubierto que la danza estimula la producción de algunos de ellos en especial (E-escoeuniversitas, 2018):

Acetilcolina, encargada de transmitir información de los nervios periféricos a los músculos.
Dopamina, también conocida como la hormona de la felicidad y que está relacionada con el movimiento, la atención, la memoria y el placer.

Serotonina, se segrega cuando nos sentimos admirados, aminora el dolor, relaja el cuerpo y nos hace más sociables.
Noradrenalina, mejora el metabolismo corporal y el sistema inmunológico.

Oxitocina, hormona del apego, favorece el sentido de pertenencia y las relaciones entre pares.
Además de todos los neurotransmisores mencionados hay descubrimientos nuevos en los que se confirma que mediante el movimiento se estimula la producción de las proteínas BDNF (brain-derived neurotrophic factor) que intervienen en los procesos básicos para el aprendizaje.

La teoría de Piaget ya mencionaba que el niño piensa, aprende y crea por medio de la actividad corporal (Piaget, 1969).

Muchos docentes de preescolar y primaria hemos observado que hay diferencias en áreas importantes del desarrollo psicomotriz como la lateralidad, direccionalidad, ubicación en el espacio, equilibrio y manejo de emociones entre niños que practican danza y en los que no lo hacen, percatándonos de que ello repercute en el área académica facilitando el desarrollo de habilidades y procesos como el de lecto-escritura, cálculo, resolución de problemas, construcción de mapas mentales, entre otros muchos.

Con la práctica continua sin sentirlo, ni saberlo, los niños terminan por adquirir todos esos prerrequisitos que les asegurarán un sano desarrollo psicomotor, sin necesidad de otra terapia de apoyo.

Si se diseñaran programas de Danzaterapia dentro de las escuelas, los niños diagnosticados con hiperactividad tendrían un recurso maravilloso puesto que con las dinámicas ofrecidas, les ayudaría a sentirse más libres para moverse, con normas diferentes a las del salón de clases y en las que, como cierre, se trabajarían dinámicas de autocontrol a través de la respiración y la introspección.

La danza tiene también una función terapéutica en adultos de todas las edades por todos los procesos que activa a nivel cerebral y cada día que pasa se reconocen más los beneficios al contribuir de gran manera a estimular la plasticidad del cerebro.

En el campo de la medicina, al tratar de encontrar tratamientos alternativos menos agresivos en pacientes con enfermedades crónicas y degenerativas como la Fibromialgia, el Alzhaimer y el Mal de Parkinson, hay grandes evidencias de que, como en otros casos, la danza les ha proporcionado una mejor calidad de vida (Michels, 2018).
Después de toda una investigación puedo asegurar que esta disciplina sí es una terapia completa ya que puede sanar el cuerpo, el alma y el corazón.

E. Graciela Gómez Carbajal
Maestra en Neuroeducación y Danzaterapeuta

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