Ciudad de los Niños

por Rodrigo Enrique Martínez Nieto

“No me sigan a mí, sigan al niño”
María Montessori

La primera vez que escuche hablar de la “Ciudad de los Niños” fue gracias al pedagogo italiano Francesco Tonucci, que en 1991 en el Ayuntamiento de Fano (Italia), empezó a realizar pilotajes de su teoría que parten del principio de poner a los niños como centro de todas las políticas públicas de una localidad.

Para ello convocó a niños, niñas y adolescentes, pero también a expertos en planeación urbana, psicólogos, diseñadores, arquitectos, maestros y logró generar ideas y prácticas para intervenir en los proyectos urbanos de cerca de 200 ciudades que desde entonces se han sumado a esta iniciativa.

El concepto es simple en su definición, pero muy complejo de operar por el cambio de paradigma que implica pasar de una visión adultocentrista a una filosofía que reconozca a los niños como ciudadanos y no sólo como sujetos que deben ser tutelados por un mayor.

Es decir, cambiar la perspectiva de que las necesidades y demandas de las personas adultas se deben privilegiar invisibilizando las de otros grupos como niños, niñas, adolescentes o adultos mayores.

La neurociencia ha demostrado que la infancia es la etapa más crítica en el desarrollo de cualquier ser humano. No obstante, sigue siendo un período al que se le presta poca atención o se delega esa responsabilidad a las guarderías y centros escolares, que hacen una labor indispensable para la sociedad y las familias, pero limitada en sus alcances.

A los niños muchas veces se les considera importantes dentro de una comunidad solo por su condición como “pequeñas personas en desarrollo”; y dentro del discurso político solo se les integra por ser “el futuro de México”. Se generan políticas y acciones públicas para su “cuidado” y se busca atender con eventos orientados a su entretenimiento o educación.

Esto es, reconocer el derecho del niño a ser niño (vivir en plenitud su edad) y asumir que sus opiniones, necesidades y visiones son igualmente válidas que las de un empresario, un político o un comerciante.

En palabras de Tonucci, “el proyecto nace y crece con el objetivo de sacar de la ira y la valentía de los niños el impulso para cambiar las ciudades”.

Noemí Albarrán, compañera mía de Reconnecting with Your Culture (UNESCO), refiere que en las ciudades del futuro debe priorizarse un desarrollo que sea amigable para con los niños, porque éstos no perciben el entorno de la misma manera que un adulto; y, por tanto, el pequeño crece en un mundo diseñado para gigantes.

Textualmente dice: “Nuestro primer problema es creer que ni siquiera son personas. Son personas chiquitas. Hay tanto dentro de sus cabezas y de sus corazones que solamente hace falta escucharlos”.

Explorando para este artículo me encontré con una publicación titulada “Rediseña tu ciudad: ¿cómo sería tu centro histórico ideal”, publicada por la Dirección General de Medio Ambiente y Ordenamiento Terriorial, en Diciembre 2020.

En este ejercicio se incluyeron perspectivas infantiles y juveniles, lo que me parece un gran acierto.

Ideas como las de Sara Zamora (10 años), a quien le gustaría que Guanajuato fuera una ciudad más accesible. Axel Vázquez (11 años), propone evitar que el centro histórico se vea descuidado, para lo cual debería de haber programas que permitan contratar a personas mediante los cuales se pueda dar mantenimiento a las casas y también pide se haga algo por que “no le gusta que las calles siempre están llenas de gente y no se pueda caminar porque no lo permiten”.

Danna Morales (10 años), propone que la ciudad tenga una Presa de la Olla sin basura y con el agua limpia, porque cuando va de paseo con sus papas se ve descuidada y además es un espacio muy reconocido. Nury Hernández que habla de la subterranea y Gael Hernández (10 años) de la inseguridad que siente al ver a “vándalos, grafitis, basura y botellas de cerveza tiradas”.

En síntesis, todos hablan de un Guanajuato mejor y más bonito.

Interesante que desde la percepción de las niñas y niños, el entorno es prioridad: una ciudad verde, limpia, estéticamente atractiva. Lo que sus sentidos les permiten percibir.
¿Por qué no estamos hablando de esto dentro de las discusiones políticas del orden en la ciudad? ¿Será que, como adultos, las tensiones son tan altas y potentes que perdemos de vista que el Derecho a la Ciudad debe incluir a todos?

Dice la Arq. Noemí Albarrán: “A veces uno siente que lo sabe todo y los niños vienen a enseñarnos un montón de cosas, vienen a revolvernos el mundo”.

Para Tonucci (2015), el mejor indicador de que una ciudad está diseñada para los niños es que estos puedan salir solos de casa. Esto conlleva que como sociedad organizada podamos brindarles condiciones para que puedan vivir una experiencia propia de manera segura. También implica atender temas de mayor calidad en los espacios públicos, ambientes libres de violencia, privilegiar al peatón y ciclista por encima del coche, y contar más espacios verdes:

Además de las celebraciones con motivo del próximo Día del Niño y la Niña (30 de abril), las primeras después de la etapa de confinamiento por el COVID 19, me parece pertinente preguntar:

¿Nuestras ciudades están enfermas o sanas, nuestros niños y niñas salen a jugar y se pasean solos?

Como adultos, ¿nos sentimos tranquilos y seguros en nuestra ciudad para dejar que ellos, los niños, se apropien de los espacios públicos?

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